El castillo (parte III)
el sol había aparecido hacía varias horas
el sacerdote llegó con la cruz sin demora
ya no se escuchaba el chirrido de los grillos.
Los aldeanos habían aprovechado el amanecer,
intentaron librarse de todos sus temores,
algunos llegaron incluso a plantearse
retroceder,
pero el alcalde había hecho bien sus labores:
Una enorme guardia de estilo pretoriana,
enviada por el rey y sus fieles consejeros
había llegado muy temprano esa mañana
para terminar con el conde y sus laderos.
El primer disparo hizo en el muro un agujero
y salieron por él decenas de murciélagos,
no encontraron el conde en su sarcófago,
cuando el sacerdote y el alcalde lo abrieron.
¡Vaya sorpresa se llevaron allí ambos!
Al encontrar en su interior un esqueleto,
el cual no parecía para nada humano
pues tenía cabeza, pero no era bípedo.
Notaron que el conde les había madrugado;
tanto de él como de la joven vampiresa
no quedaba ni el más mínimo rastro,
en un abrir y cerrar de ojos habían escapado.
En medio del gran tumulto que habían causado
y a través de pasadizos lúgubres y secretos,
el vampiro de Transilvania se les hizo perdiz
y vive como un magnate junto a su aprendiz.
A veces recuerda su tétrico y mágico castillo
y la época cuando estaba rodeado de lacayos,
cuando la falta de sangre le producía desmayos
y descansaba en un ataúd trancado con pestillo.
Ahora se codea en Gran Bretaña con la realeza,
asiste al teatro y salones de baile por las
noches,
se pasea junto a su amada en lujosos coches
y se toman vacaciones en la campiña francesa…
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