El castillo (parte II)

Pronto la noticia se supo en toda la villa:
el conde Drácula tenía una nueva aliada,
al parecer varias jóvenes fueron raptadas
y a todos la explicación les parecía sencilla:

La vampiresa las tenía en el castillo presas,
debían salvarlas, hacer lo necesario,
seguro ella bebía de su sangre a diario,
lo cual no les habría tomado por sorpresa.

El pueblo sabía que no había elección,
que debían esperar a que amaneciera,
cuando el conde en un ataúd estuviera,
ya que sobre él pesaba una maldición:

Debía esconderse de la luz del sol,
entonces aprovecharían la ocasión
para correr la tapa del sarcófago,
y clavarle una estaca en el corazón.

Algunos padres controlaron sus impulsos
la espera les parecía algo innecesario,
para ellos las desapariciones eran un calvario
y querían dejar al vampiro pronto sin pulso.

Los agobiaba el calor del verano,
tenían las armas para un gran asalto,
debían llegar hasta los más alto,
y la espera no debía ser en vano.

Rodearon el castillo con precaución
cuando la luna estaba bien oculta
rompieron el muro con una catapulta
que había sido traída hasta la mansión…

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