El castillo (parte I)

Ese año hubo muchos desparecidos en la aldea,
por eso el joven conde Drácula fue condenado
por los villanos a vivir en su castillo encerrado
hasta que desapareciera de la faz de la Tierra...

Ella huía de sus pares, familia y de la abulia,
tan solo deseaba una noche de placer y lujuria;
llegó vagando hasta las lindes del pueblo
y luego miró hacia atrás, viendo a lo alto el cerro.

Su juventud y belleza no tenían parangón,
recordó la maldición del conde y el encierro,
bajo su piel sintió un extraño cosquilleo
y retrocedió sobre sus pasos, sin temor...

Llegose hasta el pie de la enorme mansión
y sin prisas tocó la aldaba, algo siniestra,
pues el motivo era un águila, muerta,
y de pronto el suelo a sus pies se abrió.

Por pasadizos y escaleras fue llevada
por un criado enano a los aposentos
donde se oían gemidos y lamentos,
y se sintió allí como nunca amada.

No necesitaba que le dijeran nada,
notó su vitalidad y belleza renovadas,
miró las paredes oscuras que le rodeaban
y entonces se durmió, por él abrazada.

Luego de una noche de pasión intensa,
-habíale dejado totalmente indefensa-,
después de devaneos y sobre su piel tersa
el conde Drácula le hincó sus colmillos
convirtiéndola en una joven vampiresa…

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