Como alma en pena III (a Leticia)
de la ciudad, escapando del revés
-ese que hizo que corriera a tus pies-
sintiendo en mi garganta un nudo,
Luego de abandonar los esqueletos
y vagar por medio de los campos
rogando a Dios y todos los santos,
de mi futuro borré todo bosquejo.
Pues estaba triste y meditabundo
lejos de todo amor y sin caricias,
libre de ira, gula, odio y avaricia,
encontrándome solo en el mundo,
Donde al azar el destino me puso,
-había dejado estudios inconclusos-
y busqué en tus palabras consuelo,
¡llegué a arrastrarme por el suelo!
Y entonces fui el peor de los ilusos
pues pensaba que ya era todo tuyo:
llegué a serte fiel y amarte, incluso;
quedé prisionero, de tu amor recluso.
Pero todo mi afán fue inútil, en vano:
yo, que como un perro lamí tu mano,
busqué tu cariño en cualquier rellano,
así y todo, terminé totalmente insano.
Hoy, por el resto de mi vida encerrado
con mi cordura pendiente de un hilo
padeciendo por la noches de insomnio,
refugiado en este triste manicomio,
!qué no daría por estar aún a tu lado…!
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